domingo, 8 de noviembre de 2009

EL SISTEMA MEJOR Y ÚNICO EN UN MICROCOSMOS: COMUNIDAD Y CONSOLIDACIÓN EN LA EDUCACIÓN RURAL

Si bien el largo proceso que ha tenido Estados Unidos a lo largo de su historia de su educación ha sido inmenso y marcado por acontecimientos que dan pauta a que este país de la nada se haya convertido en una gran potencia a nivel mundial.

Durante el siglo XIX la educación en Estados Unidos estaba dividida en dos campos; el educación urbana con aires de industrialización y la educación rural con aires de tener una muy buena producción en sus grandas. Dos realidades muy diferentes, pero de cierta forma era la realidad de ese país.

La educación rural en el siglo XIX, suponía de sur buena en algunos aspectos; a menudo era el centro de la vida de la gente, fuera del hogar, era un centro educativo, social, teatral, político y religioso. Para los niños la escueles ofrecía los únicos contactos sociales que podían tener fuera de su familia.

Las características de esta escuela rural son las siguientes: la escuela pertenecía a la comunidad, la edad de los niños variaba en gran medida (desde los tres años hasta los dieciocho o más), la asistencia a la escuela variaba según las necesidades y características de la población (clima, temporadas).

La escuela y la comunidad estaban orgánicamente relacionadas en un estrecho grupo en que las personas se encontraban frente a frente, conociendo los asuntos de los demás. Si las familias de un distrito eran amables, la escuela reflejaba esta cohesión. Si eran discordantes, la escuela a menudo se veía desgarrada entre camarillas de pugna. A veces, la enseñanza misma se volvía causa de disputa, dando por resultado facciones o hasta la creación de nuevos distritos.

La posición del maestro en la escuela rural era insegura. En las comunidades aisladas, los residentes esperaban que los maestros se adaptaran a sus costumbres. De hecho, si no por ley, los encargados de las juntas escolares locales solían ser libres de seleccionar a los instructores.

El programa de la escuela rural a menudo consistía en cualquier libro de texto que hubiese a mano. A menudo estos libros unían el sueño del triunfo en la vida a una moral absoluta; la cultura era entendida como una dicción correcta, buenos modales y refinamientos.

Hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los reformadores de la educación estaban convencidos que la educación rural estaba rezagada con los avances que iba teniendo la educación urbana y la industrialización de la sociedad. El currículum era demasiado “libresco” la selección y supervisión al azar de los maestros, el carácter voluntario de la asistencia a la escuela. Los problemas disciplinarios y la diversidad de instalaciones y de equipo no eran más que síntomas de problemas más profundos.

Era tiempo de reorganizar y de redirigir la educación rural y para esto era necesario poner remedio a los diferentes problemas en primer lugar la consolidación de las escuelas, y el transporte de los alumnos, una experta supervisión por superintendentes del condado, “sacar de la política a las escuelas”, relacionar el programa escolar “con la vida cotidiana de la comunidad”, la escuela rural enseñaría valores sólidos y capacidades vocacionales a los niños de los campos; el resultado seria una “comunidad” estandarizada y moderna cuya dirección estaría a cargo de profesionales.

Se pretendía establecer una nueva forma de trabajar en donde los superintendentes fueran los encargados de supervisar, pero no todas las poblaciones estuvieron de acuerdo en esos cambios pues se les imponía a los superintendentes, pensaban; “la paradoja de la educación norteamericana es que pide la educación para todos y sin embargo exige que el control del sistema sea puesto en manos de la burocracia”, como si no se pudiera confiar en que ciudadanos educados gobernaran sus propias escuelas, lo cual caso que no hubiera tanto revuelo en la reorganización de las escuelas rurales.


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